LOLACALZADA

Territorios descuidadamente libres

COLLAGES, ROLES Y DIGESTIÓN VISUAL                     

Lo que en el pasado sólo una mirada viva y sagaz podía distinguir, hoy en día es percibido por cualquiera. Instruidos por las fotografías, todos podemos visualizar lo que constituía simplemente el objeto de las metáforas literarias – el aspecto geográfico de los cuerpos: un cliché en el que una mujer embarazada, por ejemplo, ofrece la apariencia de un abultamiento, o bien, una pequeña colina adquiere el aspecto de un cuerpo de mujer embarazada. –

Susan Sontag

Arthur C. Danto, en su libro "Después del fin del arte", señala al collage como el paradigma de lo contemporáneo. Y para describir la validez de esa especie de "matriz" de producción de significados híbridos cita la definición que hizo Max Ernst, uno de los artistas que más intervino en el uso y formalización de una cierta gramática de sus recursos. Según Ernst El collage es el encuentro de dos realidades distantes en un plano ajeno a ambas. A partir de esta nueva legislación de lo posible el soporte del cuadro se vuelve un escenario en el que conviven diferentes elementos que se suman a los recursos propios de la pintura. Al color, la mancha, la línea o la textura y a la representación de objetos y elementos del mundo de lo visible se añadían materiales tridimensionales, fragmentos de realidades distantes que se involucran en un nuevo relato visual, una nueva ficción legitimada que la vanguardia explotaría al máximo en cuanto a combinatorias formales, juegos poéticos y artificios visuales.

Si con Manet la pintura se hace consciente de la superficie en la que se despliega y exhibe la amplitud de su soporte como destino y límite de la ilusión, gracias a este extraño mecanismo de fusión se ve alterada con elementos reales que son importados del mundo de los objetos y ordenados al ritmo de composiciones y juegos surrealistas. No podía ser de otra manera; de un lado la orquestación material de fragmentos y materiales reales jugando a competir con los tonos y las formas y por otro la ubicación, casi dramatúrgica, de cada uno de ellos en función de la intención del autor que, como un director de escena, les adjudica un papel y una misión; mostrar y evidenciar su lugar de procedencia e interpretar un rol, un significado, ocupando un espacio desde el cual su representación fuera veraz, arropada y sostenida por la presencia ordenada de la estructura gráfica; las líneas como mapas en donde a sentar sus reversos y donde posar, estáticamente, sus anatomías "reanimadas".

A las presencias físicas de los objetos que convierten el cuadro en tridimensional había que unir la influencia del psicoanálisis y el descubrimiento de los rincones del inconsciente; los aspectos más oscuros, los sueños, los pensamientos y las imágenes reprimidas; el tabú, y sus metáforas. El arte es una concha blanca en una palangana con agua, decía Bretón, en la misma raíz de los enunciados surrealistas anida la matriz de collage como la metáfora recoge la necesidad de nombrar una cosa a través de otra, un transporte literario que agudiza el ingenio y ensancha los significados del lenguaje.

Desde los primeros collages, y la extensión del fotomontaje como una variable más compleja de imagen fragmentaria, hay algunas constantes que se repiten en la configuración de los diferentes enunciados visuales. Kurt Schwitters, Max Ernst, George Grosz, John Heartfield, Hannah Höch o Renau forman parte de la vanguardia canónica pero en el universo de la cultura de masas y dentro del "pop" o las reivindicaciones contemporáneas se sigue recurriendo a esta mezcla de apropiación y reciclaje para seguir relacionando fórmulas visuales y recursos con los que la pintura pueda competir o al menos resistirse a la vorágine de las imágenes publicitarias y sus soflamas y legislaciones. Joseph Cornell, Frank Stella, Robert Rausenberg, pero también Barbara Kruger o < strong>Martha Rosler son algunos de los ejemplos más recientes de utilización de esta matriz de fusión para sostener y proponer nuevos desafíos visuales y contundentes alternativas al discurso público de las imágenes y sus significados.

En esa derivada y dentro de estas estrategias se sitúa la pintura de Lola Calzada. Esa es su filiación y su galería de modelos y referentes, pero no se limita a imitar o alternar sus recursos y metodologías, sino que se rodea de estas herramientas para construir un territorio sobre que el elaborar sus propuestas. Esta fusión visual se compone de recursos gráficos, presencias pictóricas, textos y elaboradas arquitecturas para exhibir y desvelar las trampas de los nuevos tópicos de los lenguajes mediáticos a cerca de la exhibición del cuerpo o la adjudicación de roles. La presencia de la imagen publicitaria y la gestión que esta hace del deseo ligado al consumo, construye un universo de reflejos en los que nos identificamos y con los que convivimos en una escena cotidiana perversa y ruidosa por igual. Las imágenes publicadas se ofrecen con el subterfugio paternalista de ser información, como sin ónimo de libertad, y conscientes de su capacidad de seducir y conducir, sin apenas oposición, la ruta de las masas. Desde su impunidad se dirigen al público con aquella norma publicitaria que recuerda al creativo que no debe tratar al público como si fuera estúpido pero no debe olvidar que lo es.

La "arquitectura" de los trabajos de Lola Calzada se sostiene sobre la base de esta suerte de apropiación de imágenes, slogans y manchas, pero incluye un elemento sustancial que le permite incluir una información subliminal, sin masa pero con una presencia sustancial que da unidad y contiene la esencia de sus mensajes: las siluetas. Superpuestas en el aparente caos de la abigarrada y seductora suma de fragmentos se manifiestan simplemente como transparencias etéreas, como síntesis de la presencia corpórea de sus personajes. Son también importadas de poses, gestos y actitudes de revistas o anuncios pero transitan por la tela completando sus formas y ocupando la escala total del cuadro. Esta manera de citar el cuerpo e introducirlo en un escenario hostil aderezado de mensajes imperativos, paradójicos o invitaciones al paraíso, quizá describe con precisión su lugar en el mundo; condenado a ser sólo un es pectro, diseñado y propuesto desde los cánones y amaneramientos en un "mundo feliz" y perfecto al que debemos aspirar como un destino de sórdida y glamorosa sumisión.

Jose Luis Cueto Lominchar.